jueves, 8 de octubre de 2015

Fragmento de Elogio a la locura

En suma, sin la locura no hay relación humana posible y mucho menos sólida y agradable; sin mí el pueblo no soportaría al príncipe, ni el siervo a su señor, ni la sirviente a su dueña, ni el discípulo a su preceptor, ni el amigo al amigo, ni el marido a la mujer, ni el alojado al huésped, ni el compañero al compañero, ni el convidado al anfitrión se sufrirían; es necesario que todos se engañen, se adulen, se soporten con exquisita prudencia y se unten recíprocamente con la miel de la sandez.
Decidme: ¿Puede amar a alguien aquel que se odia a sí mismo? ¿ Es posible estar de acuerdo con los demás cuando no se está de acuerdo consigo mismo? ¿Puede divertir a los demás el que está desesperado por el tedio? Nadie podrá contestar afirmativamente, si no es más sandio que la propia sandez. Y bien, si a mí (la locura) se me expulsara de entre vosotros, no sólo no podríais soportar a los demás, sino renegaríais de vosotros mismos, sentiríais asco y odio.



Erasmo de Rotterdam, Elogio a la locura.