lunes, 16 de febrero de 2015

Un fantasma recorre Europa

Un fantasma se cierne sobre Europa: el fantasma del radicalismo.

La Europa unida se desquebraja lentamente ante los cantos de sirena de los nacionalismos decimonónicos, la desigualdad  entre Norte y Sur, el hermetismo y estancamiento económico en la está envuelta, la fragilidad de sus decadentes democracias, la deshumanización de sus sistemas de educación, el envejecimiento de la población o los continuos fracasos en materia de inmigración e integración; un espectro recorre Europa, sigiloso, a pasos cortos pero firmes, el espectro de la segregación, y del odio, vuelven a sonar los tambores de guerras intestinas, de masas enfurecidas, de racismo y persecución.

La sociedad del bienestar está en peligro de extinción, los derechos de los ciudadanos retroceden como la arena de la playa ante el constante vaivén de nuevos temporales y tormentas. Que felices aquellos tiempos donde los cerdos comían billetes en sus cochiqueras, donde todo iba bien, donde la realidad era un sueño, donde hasta el más tonto hacía un reloj con la mano izquierda. Ahora nos hablan de deberes, a los hijos del dinero fácil, de los placeres volátiles, de los deseos  insaciables, a los hijos burgueses de la clase obrera.

Nos educaron en la seguridad material, en la abundancia, lejos de los cultivos del alma, lejos del verdadero saber, individualistas y ajenos a la responsabilidad del crecimiento y grandeza del estado. No hay nada más bello que una sociedad libre, que rema unida hacia un mismo fin, la felicidad y el desarrollo íntegro de sus ciudadanos.

Los gobiernos pueden cambiar de nombre, de sistema político, de representantes,  pero siempre estarán rodeados de esa  nube de azufre llamada poder; rodeados de la adulación, la autocomplacencia, alejados de los intereses generales, y tentados por la tiranía, por la impunidad, por el libre albedrío, alejados de la justicia. El dinero, el requeté jodido parné, su ostentosidad, su mágico hechizo, la dulce miel de los moscardones, la sangre de los vampiros, el fin para los pobres, la seguridad para los ricos de que nada cambie, de que todo siga igual.


Me pregunto si representamos a nuestros políticos o nosotros a ellos, si fue antes el huevo o la gallina, empero es evidente que todo esfuerzo será en vano sin profundas reformas en nuestra educación. Mientras impere el miedo, la ignorancia, mientras no nos quitemos la venda que produce nuestra ceguera la historia seguirá repitiéndose; la historia quedará regida por el caprichoso azar, por la sucesión de formas e imágenes ya conocidas, por la mentira, por los discursos fáciles, por valores falsos y castillos inalcanzables.