miércoles, 4 de febrero de 2015

Mi visión general de la política española.

Me gustaría recalcar que con mi humilde opinión y/u observación no pretendo buscar una verdad absoluta, ya que esta es inexistente. Hay, habrá y hubo personas más cualificadas para abordar temas exentos de simplicidad y de tomar a la ligera que uno mismo. Al ser un tema que abarca tantos matices he intentado sintetizar mis ideas lo máximo posible. Aun así, se ha alargado e invito con esto a leerlo de forma pausada.

En primer lugar haré hincapié en términos generales para después pasar a otros más particulares. Definamos pues en que se fundamenta la democracia española y en qué posición se encuentra. La democracia que por definición es "el poder del pueblo" y puesto que la representación de éste en el poder legislativo y ejecutivo es de un número reducido de personas, se ve abocada al fracaso. Aunque la razón de ser de la política es buscar el bienestar común y el progreso de un país por medio de una administración justa y equitativa, veremos como se ha convertido en un medio y modo de vida poco honesto y virtuoso. Puesto que creo que la vida y la historia tienen un sentido circular y no lineal, puedo señalar que encontramos a lo largo de los siglos infinidad de paralelismos con la situación actual.

¿Qué vicisitudes encuentran entonces los gobiernos actuales y que similitudes podemos entrelazar con el pasado? Ésta es una pregunta interesante a la par que compleja. Como todos sabemos es más sencillo que el poder ejecutivo sea más contundente a la hora de tomar decisiones cuando está dirigido por una sola persona, como ocurría en las monarquías absolutas o en un pasado reciente, por gobiernos de índole fascista y comunista. ¿Qué es lo que hace que gobiernos tan autoritarios sean más consistentes en épocas dificultosas y de crisis?
La respuesta es bien sencilla, las decisiones de ese tipo de ejecutivo son rápidas y expeditivas y contemplan con premura los problemas que pueden aparecer. Si bien, se ha demostrado que el terror injustificado y sostenido ha derribado a grandes tiranos, cabe dilucidar que éstos por medio del miedo han logrado consolidad regímenes duraderos.

Llegamos a un momento cumbre, y es el describir que factor hace que un poder se perpetúe y no es otro que el pueblo o la ciudadanía. Como dijo Nicolás Maquiavelo " es el tener al pueblo de tu lado, es decir que te ame y/o respete. Centrándonos por fin en la democracia española y sometiéndola a un riguroso examen conseguiremos dilucidar la decadencia en la que se halla. Todos conocemos qué es el bipartidismo y que los partidos políticos se basan en férreos dogmas donde no hay cabida para el pensamiento crítico.

La dictadura bipartidista tiene una ventaja sobre las oligarquías absolutas y es que el pueblo disfruta de libertades individuales. Pero qué es lo que en realidad es más importante para la ciudadanía, sus ideales o sus bienes. Sin duda alguna sus bienes, y por ende en los momentos de crisis, es cuando los sistemas políticos decadentes y viciados sacan a la luz del día su podredumbre. El problema no estriba en que no haya división de poderes, que la participación del ciudadano en las decisiones del gobierna sean ínfimas, que haya desigualdades sociales; es el continuo desfalco y robo a sus ciudadanos de clase media, que en general son el motor de las sociedades liberales.

Los gobiernos liberales se encuentran en una encrucijada muy peligrosa, bailan entre el pueblo y las élites económicas. Poco a poco estas élites han convertido a nuestros gobiernos en meros conductores de sus intereses, todo ello a cambio de favores, olvidando que la soberanía es del pueblo y la democracia se construye en la base del bienestar y progreso comunes. Lo que algunos llaman hoy en día "casta política" son tan solo el ente visible, de poderes ocultos que llamaremos "mercado".
Para mi sorpresa, un poder tan moldeado por estos conductores, como es el poder judicial, esté limpiando los bajos fondos de un sistema herido y en peligro de extinción.

La maquinaria del poder teje sus hilos de amplias formas para que no se produzcan cambios en su status, y nombraremos algunos de ellos: el uso de los poderes fácticos tanto privados como públicos, sosteniendo una educación precaria e ineficaz basada en el especialidad, inculcando la fiebre consumista que nos ha sumido en la búsqueda de placeres efímeros y volátiles, el hacernos responsables de nuestras desgracias, somos nuestros propios empresarios, y por tanto los responsables de nuestros fracasos, y por último imponiendo la religión de el " dinero".

En este ambiente hostil de desinformación y/o sobre-información sesgada, el pueblo se halla huérfano y desamparado de ideales, ética y/o principios y ve como una vida irreal nos ha sido arrebatada con la llegada de la crisis económica. El estado ha propiciado que el pueblo se convierta en esclavo de sí mismo y no por medio del terror. Esta obra maestra edificada durante muchos años fue válida hasta que se dejaron de respetar los derechos y sobre todo bienes de los ciudadanos. Este descontento general no es otro que el de no sentirnos partícipes de la deuda contraída y de su legitimidad. Un grave error por parte de los políticos ha sido éste, no haber evolucionado, ni estar a la altura de los tiempos, al ser sus intereses más importantes que el progreso.

España requería y requiere de reformas profundas y recortes en las instituciones políticas, al menos para aunar esfuerzos y ver que las vicisitudes son compartidas. Lo que más llena de ira a la ciudadanía es realizar este esfuerzo en soledad y ver como roban delante de sus ojos impunemente.
La orfandad a la que me refería antes nos paraliza y nos hace más débiles ante este tipo de tropelías. En nuestra sociedad ya no hay cabida para la revolución o para el asalto de cuarteles. Esta fragilidad colectiva es un claro síntoma de la fragilidad y pérdida de valores colectiva que el pueblo español adolece.

El futuro nos lleva a plantearnos si este sistema viciado y corrupto se perpetuará o habrá cambios profundos y necesarios. Esta decadencia refleja las desigualdades y dualismos innecesarios que conlleva el sistema de comunidades autónomas, el fortalecimiento del nacionalismo,  la falta de proyección futura de la nación, las continuas medidas cortoplacistas, parches y atajos que han provocado el continuo avance de la enfermedad que padece nuestro estado.
Para que exista una comunión es necesario que los nuevos gobiernos tomen las riendas de sus decisiones y no velen tan solo por los intereses de las élites financieras. No podría dejar de nombrar de ninguna manera la triunfal llegada de Pablo Iglesias al mapa político y a razón de ello formularé una serie de preguntas: ¿Caminamos hacia el federalismo o hacia el centralismo? ¿Creen que el nacionalismo es un movimiento colectivo conducido por la pasión y por ende peligroso? ¿Es Pablo Iglesias un mesías y la solución a los males que acaecen en el estado?
¿Podrá Pablo Iglesias en el caso de que llegue al poder, conducir los intereses del pueblo y de las élites financieras?

Con estas preguntas doy por finalizado este artículo, habiéndose extendido éste ya en demasía. Que cada uno saque sus conclusiones, las mías es que tras el odio se esconden las fauces de la barbarie y la ignorancia. Imperios más grandes han caído.