martes, 27 de enero de 2015

La inercia.

Todos al fin y al cabo nos creemos dueños de nuestro devenir, todos creemos que nuestra existencia tiene un significado. Cuando el recuerdo muere dejamos de existir y volvemos a formar parte de algo insólito y desconocido, el no ser. El presente caduca con extrema celeridad y sumidos entre vagas estampas del pasado y un futuro inexistente e impredecible bailamos al son del azar. Sin respuestas claras la eficiencia se encuentra en el automatismo, quizás ya no hay cabida para los soñadores, quizás en nuestro pequeño universo el camino más recto es sobrevivir. La imaginación juega a los dados con el miedo y hay días en los que uno respira la belleza que le rodea, pero hay otros en los que deambulas sin mucho sentido, que te dejas guiar por la inercia, por la mayor fuerza que existe, el no dejar de existir.