martes, 10 de marzo de 2015

El vacío humano de occidente

Un gran rompecabezas desola  a las sociedades liberales y en especial a los países inmersos en profundas crisis económicas. Con este artículo pretendo dilucidar de forma breve y concisa las razones de la decadencia moral y ética en la que está inmersa nuestra nación.

Desde el fin del régimen franquista España ha vivido una evolución cultural, política, económica y social sin precedentes. Aunque ya en el franquismo se produjo un aperturismo económico a finales de la década de los 50, imperaba un crudo hermetismo ideológico y la frontera natural de los Pirineos representaba fielmente la muralla opresora con la que el régimen bloqueaba al país de la influencia intelectual y progresista del resto de estados europeos.

Emerge la luz tras 36 años de oscuridad, una explosión orgásmica inunda el país; por fin se reconocen los derechos y libertades individuales, la Iglesia abandona el poder y queda relegada a un segundo plano, la literatura, la música y las películas malditas por la censura  fluyen  por todo nuestra geografía. El feudalismo ideológico muere para dar paso a una España globalizada, sin persecución y presos políticos y por supuesto sin fronteras.

Queda sentado pues de forma  muy resumida el contexto social que precede a nuestros días. Si bien, hay grandes heridas que no han conseguido cicatrizar como: la brecha económica norte – sur, la pobreza del sur derivada de las políticas latifundistas, el fracaso de la industrialización del país, el nacionalismo catalán y vasco, el dolor y odio no superado de la Guerra Civil y los extremismos que nacen de ella.  Como decía Machado: -Españolito que vienes al mundo, una de las dos Españas ha de helarte el corazón-.

¿Cuál es la razón de las profundas grietas de la sociedad española? ¿Es el ateísmo que florece en España causa de un avance cultural o de un vacío moral surgido por la nueva religión del consumismo y la imagen? ¿Ha dejado la Iglesia de ser un referente? ¿Creen que nos encontramos huérfanos ante un mundo basado en la competitividad y el placer? ¿Tienen sentido nuestras vidas?

La Iglesia ha sido el guardián de  las almas durante infinidad de siglos, empero hoy en día su fuerza y su luz se van apagando con el paso de los años. La ética y la filosofía están marginadas dentro de un sistema educativo ineficaz, basado en la especialidad, que arroja miles de seres manejables, individualistas e ignorantes. En España la educación es usada por nuestros políticos como un juguete al que se le puede arrojar y romper sin ninguna responsabilidad.

¿Qué es más peligroso para un país que una masa desprovista de recursos para luchar contra una tiranía? La democracia española es irrisoria y representa a una oligarquía podrida por la corrupción y un blindaje propios de sistemas dictatoriales. Cada día creo menos en este tipo de sistema político y más en una aristocracia de sabios para dirigir un país. La República de Platón es un libro cada vez más actual a mi parecer. La mayoría del pueblo no está preparado para hablar de política y ser partícipe de ella. Hemos convertido nuestro país en un estado débil, proclive a caer en las garras de la barbarie debido a la ineptitud de nuestros gobernantes, vendedores de humo, ejemplos diáfanos de la desertización de nuestro espíritu.

Se han borrado de un plumazo la obligación del individuo para con la nación, para la lucha por el bienestar colectivo y el progreso. Tan solo importa el placer instantáneo, el triunfo económico y los derechos individuales. Nos venden la austeridad, cuando ellos no la practican y toman medidas que nos afectan a todos impunemente. Qué es una voto cada cuatro años, qué es la libertad de echar espumarajos en los bares sino tenemos oportunidad de cambiar nada.

Así crecimos los hijos del hedonismo desilustrado , los hijos del neoliberalismo. La cooperación es un pecado e impera la ley del más fuerte; estamos dispuestos a dilapidar el arduo camino hecho durante siglos en pos del  sufrimiento de generaciones venideras. En este caos, en esta ciénaga, impera la confusión, no sabemos quiénes somos, hacia donde nos dirigimos, tan solo importa el instante. No es de extrañar que las enfermedades mentales proliferen en nuestra sociedad, que nuestros jóvenes dejen de leer e interesarse por el conocimiento,  que el alcohol y las drogas los adormezcan y que el mal del conformismo impere a sus anchas. El daño está hecho, el mayor problema no es la crisis económica es la orfandad derivada  de la falta de valores. 

A veces sueño con una sociedad donde la justicia rija sin impedimentos, donde todos tengamos las mismas oportunidades, en la que seamos coparticipes del avance y desarrollo de la nación, donde no nos prometan cuentos de hadas y seamos ciudadanos en lugar de un maleable populacho.
No me siento participe de este festín de carroña, de este teatro, quizás sea un antisocial, quizás debería olvidar todo lo aprendido y adaptarme para conseguir los despojos de un mundo carente de lógica.