lunes, 16 de marzo de 2015

Los hermanos Coen, El gran Lebowski y el pueblo Judío

Es innegable la excelsa calidad de las obras cinematográficas de los hermanos Coen, unos de los grandes baluartes del cine independiente norteamericano. De origen judío, han dejado su impronta y visión del mundo en sus diversos filmes, donde se mezclan el humor negro, la degeneración humana, la figura del poderoso dinero y los crímenes que emanan de él y la descripción de la América rural. Fargo, Miller´s crossing, The Big Lebowski o Blood simple son a mi suponer sus obras más representativas y brillantes.

The Big Lebowski se ha convertido en una comedia objeto de culto y no es de extrañar, ya que es totalmente singular, sus personajes y diálogos disparatados y atractivos y la banda sonora concuerda perfectamente con las escenas. Detrás de esta amalgama caótica se encuentran cientos de mensajes críticos y pinceladas de ironía, en contraposición de un mundo que en ocasiones carece de lógica. En las conversaciones de los protagonistas se mezclan la religión, la política o la filosofía, un claro ejemplo, es cuando Walter Sobchak, recuerda la tradición milenaria de la religión judía, desde Moisés hasta Fiodor Herzl, padre del Sionismo; cada escena es más maravillosa que la anterior y encierra multitud de matices. Se hace referencia al Seren Sabbath, al nihilismo, al pacifismo, al nazismo, a la guerra de Irak, al personaje de Lenin, al arte moderno, a la sexualidad y pornografía, al mundo de la imagen y la falsedad, en fin, el nota se lo toma con calma por todos nosotros, pecadores.
Se pueden extraer muchas conclusiones de esta película y cuanto más la ves, descubres nuevos detalles. No tiene ningún desperdicio.

Me gustaría recalcar el florecimiento judío del siglo XX y XXI en Europa, pero sobre todo en Norteamérica. Cómo puede una población tan escasa, el 0.2% del mundo, haber ejercido tanta influencia en el cine, la filosofía  y sobre todo en la ciencia. La lista sería interminable y es de agradecer la gran aportación de éstos a la humanidad. Si bien han sido tachados de usureros, codiciosos, corruptores de almas, fundamentalistas, dogmáticos y de practicar una ciega ortodoxia religiosa, han sabido adaptarse a cada rincón del planeta y han sabido prosperar, a pesar del genocidio, el odio y a la segregación social. Sin lugar de dudas, condeno las políticas de Israel en el conflicto Palestino, empero no me dejo seducir por ese milenario antisemitismo basado en el odio irracional, la envidia y la ignorancia.

La multiculturalidad es posible, hay muestras de ello en la historia, pero necesita bases y cimientos sólidos basados en la educación y la justicia; aunque estemos en el siglo XXI sigue imperando la barbarie y la intolerancia. Las razas fueron un invento dañino, no existen, lo muestran los continuos movimientos migratorios de la humanidad y su continuo avance hacia a la homogeneidad. Deseo que el muro y la ceguera que nos aprisiona caigan por su propio peso y la luz brille de nuevo y qué desaparezcan los estigmas raciales, sexuales, culturales o religiosos. Estoy cansado de tanto miedo y desconocimiento, cuánto daño hace la televisión y los noticiarios, cuánto daño hacen los intereses de los poderosos.