miércoles, 11 de marzo de 2015

Nazismo, comunismo y democracias liberales

No puedo ocultar mi tremenda admiración y a la vez repulsa a la figura de uno de los mayores genocidas que ha contemplado la historia. Me refiero a Adolf Hitler, padre del nazismo alemán, el gran orador por excelencia, figura controvertida y desconocida por igual. He de reconocer que la lectura de su obra Mein Kampf ha arrojado un halo de luz más amplio de la historia europea y universal, en mi continua búsqueda del saber. No sé si hablamos de un iluminado, de un loco, de un visionario, por lo tanto no enfocaré mis esfuerzos en la definición del personaje, mas centraré mi artículo en la exposición de sus ideas y similitudes con otro gran movimiento populista y antidemocrático, el comunismo. No admite duda, que condeno sin titubeos sus actos y el reguero de sangre, dolor y sufrimiento que generó en el reciente pasado, empero olvidamos que hubo otros grandes políticos, gobernantes e imperios que produjeron daños irreparables, tales como: José Stalin, HiroHito, el colonialismo europeo y en menor medida el imperialismo yanqui, entre otros muchos. El mundo está lleno de lobos sedientos de sangre, el débil siempre ha padecido la cruda represión del más fuerte, un claro ejemplo es el estado actual del pueblo Palestino.

Hitler describió con absoluta minuciosidad los males endémicos de los estados liberales y apoyado en un nacionalismo alemán exacerbado, la diferenciación de las razas, idea que jamás nació de él sino del movimiento chovinista del siglo XIX, y un odio irracional al pueblo judío, sentó las bases del partido nacional socialista. El contexto social de Alemania tras la Gran guerra era desolador, económicamente endeudada y sujeta a estrictas condiciones impuestas por los vencedores en el Tratado de Versalles y una masa proletaria explotada y sujeta a hambrunas; abrían un amplio abanico de posibilidades a fuerzas políticas radicales.

En estos momentos  cabe  preguntarse, qué analogías hay entre el nazismo y el comunismo, cuán peligroso es su poder de persuasión y seducción y los momentos en qué su aparición es probable. Ambas se basan en la firme convicción del fin de la desigualdad y homogeneidad de las clases sociales, en un férreo adoctrinamiento de la juventud en pos del colectivo y de la patria o la eliminación de la prensa libre y el derecho de asociación. El resto de ideologías son enemigas y por tanto perseguidas, el arte, la literatura y el cine controlados y moldeados por el régimen; la individualidad es erradicada con todas las fuerzas al alcance de sus manos, el militarismo cobra una tremenda importancia y la ciencia usada con oscuros fines.

¿Cómo pueden llegar entonces a gobernar semejantes monstruos? Sin duda, nada tendrían que hacer sin el apoyo del pueblo. La propaganda, el gran uso de la retórica y conocimiento sociológico del pueblo alemán y sus necesidades alzaron a Hitler al poder. La república de Weimar no logró levantar a un país arruinado, acomplejado, hundido en la miseria, tras la I Guerra Mundial, además acaeció una grave crisis económica, el Crack del 29. El germen del odio ya estaba sembrado y no solo afectó a Alemania sino a infinidad de países Europeos; la pobreza, la creciente desigualdad entre los diferentes sectores de la población, la decadencia de las democracias occidentales o de las ruinosas monarquías europeas, la corrupción y el blindaje jurídico de sus políticos, la represión religiosa y/o la pérdida de valores, son algunas de las causas del susodicho germen.

En la actualidad se están dando situaciones parecidas y aunque pueda parecer presuntuoso por mi parte, tengo la certidumbre de que nos encontramos en un momento crucial de nuestra historia. No voy a gastar más palabras en describir las ineficiencias de nuestros políticos y con qué poca ética manejan sus vidas y las ajenas, creo que ya lo he dejado bastante claro en mis anteriores artículos la opinión que de ellos tengo, pero la impotencia y el desamparo que están generando abren las puertas a la barbarie.

Siempre he dicho que la democracia es la menos mala de las formas de gobierno y sostengo que sin el auxilio del pueblo está abocada al fracaso. De nosotros depende seguir el rumbo del fanatismo, el proselitismo y la inquina  o el rumbo del progreso y el humanismo. Abrid los ojos domadores de serpientes, mentirosos compulsivos, maestros de la retórica fácil, pues sois los responsables de la posible debacle de vuestro sustento y forma vida, sois los responsables del posible final de la sociedad del bienestar y de libertades.


Os dirijo mi más absoluto desprecio. Vuestra inoperancia y falta de visión  pone en riesgo a toda una futura generación de jóvenes. No me extraña en absoluto el desconcierto que impera en esta sociedad vacía y desvalida, de esta ciénaga acabarán pescando populistas sin escrúpulos, enajenados, de la calaña de Adolfo Hitler.